Las flores de cempasúchil con su naranja intenso robaban la atención de quienes caminaban por la calle Pratt el pasado sábado 18 de octubre. Además de las características flores había papel de china de colores brillantes decorando las paredes, y niños bailando al son de la música en vivo de mariachis con un pan de muerto azucarado en la mano.
Se trataba del lanzamiento de la temporada del Día de Muertos en Hartford. Este primer evento fue organizado por Helena’s Casita, en colaboración con la tienda Gentle Bull, el museo de arte Wadsworth, el Centro de Ciencias de Connecticut y el Museo de Cultura e Historia de Connecticut.
Nuestro diario, el Connecticut Mirror, participó desde el mediodía hasta las seis de la tarde con un proyecto de retratos impresos. Nos instalamos cerca del altar comunitario y ofrecimos fotos que no solo retrataban a las personas, sino que también dejaban ver lo que este día significa para ellas.
El Día de Muertos viene de una tradición de los pueblos originarios de México que celebran a sus ancestros el 1ro y 2do de noviembre. Otros países de Centro y Suramérica tienen tradiciones similares como el Día de los Difuntos en Ecuador y Perú, o el Día de Todos los Santos en Guatemala.
A lo largo de los años, esta tradición se ha popularizado gracias a los migrantes que la traen consigo a este país. En Connecticut, los mexicanos son el segundo grupo más numeroso de hispanos, detrás de los puertorriqueños. Casi la mitad de los habitantes de Hartford son hispanos, según el último censo nacional.
La celebración de Pratt Street estuvo abierta a todos. Se escuchaban acentos boricuas cantando canciones de Vicente Fernández, y hablantes de creole haitiano comentando “¡Kèt!” y “¡Mezanmi!” mientras saboreaban el tradicional chocolate caliente.
La activista cultural y fundadora de Helena’s Casita, Helena Delphina, junto con los demás organizadores, aseguró que está replicando la tradición con respeto, abriendo un espacio seguro de arte, cultura y memoria en el centro de la ciudad.
Delphina, de familia salvadoreña y mexicana, organizó el primer evento de este tipo en el 2022, al que llama una ‘Carta de amor para Hartford’. No creció celebrando el Día de Muertos, pero cuando su hermana, Charlie Gonzales, murió en el 2010, su familia empezó a honrarla con esta tradición.
El evento estuvo lleno de nostalgia para algunas de las familias mexicanas que asistieron, ya que de no ser por este espacio de encuentro, no habrían celebrado el Día de Muertos.
Ana Jiménez

Tal fue el caso de Ana Jiménez, mexicana que lleva más de treinta años en Connecticut, y convenció a sus dos hijas de que la acompañaran para disfrutar de la festividad en la ciudad.
“La verdad aquí no pongo mi altar, pero pues quedo con esa nostalgia de las tradiciones de mi país”, comentó Jiménez. “Este evento me pone contenta porque uno le puede enseñar a los hijos las tradiciones y la importancia que son nuestros difuntos, que no los olvidamos y que pueden seguir unidos en nuestra familia”.
Jiménez recuerda que en Xochimilco, de donde es originaria, su mamá pone la ofrenda a sus muertos el día 30 de octubre, mientras que sus hermanos van a velar al panteón. Durante las ceremonias, su mamá da una bolsa con pan, fruta y una calaverita de azúcar y la reparte a los vecinos.
Aunque el evento del sábado en Hartford no fue similar, Jiménez espera que se repita y que pueda seguir encontrándose con tradiciones mexicanas por las calles, así como con otros latinos de la ciudad que las celebran.
Juana Hurtado

La boliviana Juana Hurtado lleva poco más de un año en Hartford. Para Hurtado, el Día de Muertos cada año se vuelve una fecha que recoge duelos por los que ha atravesado y cariños profundos hacia las personas que extraña.
“Siempre es importante realizar estos eventos para que no se pierda lo que es la cultura, las tradiciones de amar siempre a las personas que hemos perdido, como población nos hace fraternizar y compartir momentos duros que hemos vivido”, dijo Hurtado.
Hurtado pone un altar en su casa en honor a sus padres y a su difunto esposo. Acomoda panes de chocolate, y velas que iluminen el camino para cuando la visiten la noche del 1ro de noviembre.
Tammy Ramos

Tammy Ramos, residente de Meriden con familia mexicana, igualmente pone un altar en su casa. Desde que falleció su abuela, su mamá empezó a instalar uno anualmente y, aunque sabe que siempre estará presente, el Día de Muertos es diferente.
“Este día la recuerdo mucho más de lo usual; la siento más cerca”, dijo Ramos. “Al abrirle las puertas de nuestra casa, me da cierta calma y paz pensar que nos visita por el altar”.
Ramos llevó al evento a su hija de cuatro años, quien no dejaba de brincar y mostrar la mitad de su carita pintada como calaverita. El hijo más chico de Ramos se quedó en casa, cuidado por su mamá. Ahora que tiene a ambos, Ramos quiere inculcarles su cultura y raíz, instalando altares cada año y celebrando esta tradición.
Lexi Grant

Lexi Grant manejó desde Manchester para recoger a su abuela en Vernon y alcanzar a poner una foto de sus abuelos fallecidos en el altar comunitario de Pratt Street.
La abuela puertorriqueña de Grant, Olga Iris de Jesús, vive en Connecticut desde los quince años y nunca había celebrado el Día de Muertos ni había puesto un altar. Su nieta, al enterarse de este evento, la invitó a participar.
“Poner las fotos en el altar significa que se murieron, sí, pero este día los recuerdo, recuerdo todo de ellos”, dijo de Jesús, viendo pausadamente las fotos de sus esposos fallecidos.
Entre duelo y celebración, el sentimiento de Grant es agridulce, pues extraña a sus abuelos. Pero al convivir con la gente en Pratt Street, los bailes, las velas, la comida y la música en vivo, se vuelven un abrazo de consuelo.
“Es hermoso reunirnos [personas de] diferentes comunidades y etnias, sobre todo en el clima político actual, para honrar y sentirnos orgullosos de quienes somos, de nuestras raíces y tradiciones”, compartió Grant.
“Creo que Hartford es muy multicultural y siento que es un lugar donde uno puede sentirse orgulloso de decir: Soy de Hartford, Connecticut”.


