En los últimos 21 años, he criado y adoptado niños con necesidades médicas y de desarrollo complejas. El año pasado, después de 2205 días de incertidumbre y angustia navegando por el sistema de niños y familias (DCF), adoptamos a nuestra hija de 7 años. Este año, fuimos la última familia en la agenda para el Día Nacional de la Adopción después de 589 días en suspenso. Aunque la adopción de mi hija de 2 años fue un momento de triunfo, la sala fría y vacía simbolizó el desprendimiento sistémico enfrentado diariamente por las familias marginadas.

El Día Nacional de la Adopción se celebra para resaltar historias de alegría y unificación familiar. Sin embargo, detrás del escenario, los obstáculos que enfrentan los niños en hogares de crianza y las familias que los apoyan cuentan una historia más compleja, una historia que exige atención y acción. Para aquellos de nosotros que hemos navegado por el sistema como cuidadores de crianza, la indiferencia sistémica y las desigualdades que viven los niños y las familias marginadas, particularmente dentro de las comunidades negras, indígenas, gente de color (BIPOC) y de personas con discapacidad, siguen siendo evidentemente sin resolver.
El reciente informe de la Oficina del Defensor del Niño no fue una sorpresa por el fallo de las agencias estatales con las muertes de Liam Rivera, de 2 años, y Marcello Meadows, de 10 meses. Mi propia experiencia, como madre, defensora de discapacidades, guardián ad litem y madre de crianza durante más de dos décadas, ejemplifica los desafíos duraderos dentro de la responsabilidad de los Servicios de Protección Infantil de Connecticut y sistemas nacionales.

El juez que preside nuestro caso nos aconsejó que consideráramos abandonar a nuestra hija después de que el departamento de niños y familias revirtiera su diagnóstico de complejidad médica a uno “normal/típico”.
¿Abandonar? A eso, ofrecí una respuesta que no muchos de nosotros intentamos o atrevemos declarar. Esto es sólo parte de lo que le dije.
Mi hija de 2 años ha sido una hermanita durante 589 días y estamos muy felices de que no haya sido reubicada con otros extraños con pedigrí preadoptivo, como pretendía el departamento. Le agradecemos a la Supervisora del Programa de NB, a nuestro inquebrantable trabajador de FASU y a un estudiante de derecho idealista de CPS que se convirtió en su trabajador social y abogó por que ella permaneciera con la única familia y hogar que conocía – con nosotros.
Señoría, necesito hacerle saber quiénes somos porque no somos unicornios, pero hemos sido una familia latina marginada durante años. CPS nos ha reprendido y dicho que nos hemos excedido en nuestro papel como padres de crianza al buscar especialistas para niños médicamente complejos según las órdenes del pediatra y otros especialistas.
Nuestro compromiso ha sido cuestionado constantemente por supervisores del departamento. El DCF ha trasladado innecesariamente a bebés bajo nuestro cuidado a familias privilegiadas preadoptivas cuando nosotros hemos sido una familia preadoptiva durante décadas.
Si todos estamos aquí bajo la premisa de lo que es lo mejor para los niños, ¿cuándo decidió esta administración que el interés superior se convertiría en la carga de los niños?
Para sugerir que tal vez sea mejor para nosotros, como padres de crianza, alejarnos de ella cuando somos la única familia que conoce desde que tenía 2 días porque cuestionamos la decisión del DCF al anular a su pediatra y a otros 14 proveedores, con respecto a sus complejidades médicas no es en absoluto lo mejor para ella.
Nuestra familia ha soportado tres administraciones, comisionadas y supervisión federal, pero nuestros niños de crianza siguen siendo los marginados de los marginados.
Gracias por su tiempo e integridad. Seguiremos comprometidos y siendo una familia eternamente a pesar del abandono sistémico.”
Como familia Latina, hemos enfrentado un escrutinio constante y el desprecio de nuestra experiencia como padres de crianza, maestra y enfermero. El sesgo del sistema a menudo da prioridad a las familias privilegiadas adoptivas sobre las familias de crianza de comunidades minorías. Tanto como las comunidades de personas con discapacidad, estas minorías reciben recursos y capacitación inadecuadas, lo que perpetúa ciclos de negligencia y desigualdad sistémica.
Además, los jueces y trabajadores sociales carecen de coherencia y rendición de cuentas, y hay una supervisión insuficiente de las decisiones que afectan profundamente la vida de nuestros niños vulnerables. Mi hija tuvo más de ocho trabajadores sociales, varios supervisores, varios jueces, tres sistemas judiciales y varias abogadas asignadas y una madre sustituta de educación.
En Connecticut, cinco niños ingresan en hogares de crianza diariamente, lo que contribuye a un sistema que ha albergado sistemáticamente a más de 4,000 niños al año durante más de dos décadas. A pesar de estas cifras persistentes, faltan datos e informes convincentes para abordar una serie de desafíos, incluidas las necesidades de los niños con discapacidades físicas, invisibles y del desarrollo, la institucionalización desproporcionada, las inseguridades de vivienda que enfrentan los jóvenes que envejecen fuera del sistema y los peligros que plantean los depredadores no detectados gracias a acuerdos de declaración de culpabilidad y comunicación interjudicial inadecuada.
Para servir verdaderamente al interés superior de los niños, el sistema de bienestar juvenil debe adoptar un enfoque proactivo y basado en la equidad. Debe fortalecer la rendición de cuentas y la supervisión mediante el establecimiento de comités de supervisión independientes para revisar y monitorear las decisiones de los trabajadores sociales, jueces y abogados del DCF. Debe garantizar la transparencia en el manejo de los casos y los resultados, y brindar capacitación integral y culturalmente competente para las familias de crianza y adoptivas, en particular las minorías y comunidades de personas con discapacidad. Debería dotar a las familias de las herramientas necesarias para defender eficazmente a sus hijos.
El DCF también debe mejorar la colaboración con los sistemas médico y educativo, integrando expertos médicos y educativos integrales en los procesos de toma de decisiones para garantizar que las necesidades de desarrollo y atención médica de los niños sean satisfechas por proveedores que realmente conocen y tratan al niño.
El sistema también debe promover el apoyo centrado en la comunidad: se deben priorizar las redes de padres de crianza y de cuidado por familiares, y se deben asignar recursos para apoyar la tutoría, la educación y la colaboración entre todos los cuidadores.
Por último, debemos abordar las disparidades de frente y comprometernos a eliminar las disparidades raciales y étnicas en los resultados del cuidado de crianza a través de intervenciones específicas, expertos en experiencias vividas y una distribución equitativa de recursos.
La misión declarada del DCF de “asociarse con las comunidades y empoderar a las familias” debe ir más allá de la retórica y alcanzar resultados viables y mensurables. Como cuidadores, líderes y defensores, exigimos un sistema que valore a los niños no como cargas pero como individuos que merecen amor, protección y oportunidades.
El Día Nacional de la Adopción, y todos los días posteriores, honran la resiliencia de las familias de crianza y adoptivas desafiando las desigualdades sistémicas y trabajando colectivamente hacia un sistema de bienestar infantil responsable que realmente sirva todos los niños—especialmente los más vulnerables entre nosotros. Desde la fundación, nosotros debemos construir un futuro centrado en los niños donde cada niño encuentre una familia y protección, cada familia reciba apoyo y servicio, y el abandono sistémico se convierta en motivo de despido.
Doris Maldonado Méndez es miembra del Consejo Editorial Comunitario del Connecticut Mirror.




