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Ruta 9 en Middletown. El Departamento de Transporte del Estado ha estado luchando durante décadas con la forma de reconfigurar la autopista dividida y las áreas circundantes para eliminar dos semáforos. Credit: Stephen Busemeyer / CT Mirror

Traducción por Jorge AlatristaIdentidad Latina Multimedia.

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Durante casi cuatro décadas, Connecticut ha designado una parte de su presupuesto anual específicamente para financiar mejoras en su infraestructura de transporte envejecida.

El Fondo Especial de Transporte ha evolucionado durante este período y, si bien continúa apoyando proyectos de capital, también paga los costos operativos de los Departamentos de Transporte y Vehículos Motorizados, los servicios de tránsito y parte de la contribución anual al fondo de pensiones de los empleados estatales.

Y si bien los impuestos al combustible fueron la principal fuente de ingresos para el Fondo Especial de Transporte (STF) durante la mayor parte de su historia, los ingresos por impuestos a las ventas los han reemplazado recientemente, aunque por poco.

Desde 2022, el fondo ha generado grandes superávits, a pesar de que los legisladores rechazaron las propuestas del Gobernador Ned Lamont en 2019 y 2020 para instalar peajes electrónicos en las carreteras, lo que habría generado cientos de millones de dólares anuales. Estos excedentes han hecho que algunos críticos pidan recortes a los impuestos sobre el combustible, mientras que otros sostienen que el Departamento de Transporte (DOT) necesita aumentar la producción y poner en marcha muchos más proyectos de construcción de los que supervisa actualmente.

Esto es lo que hay que saber.

¿Qué es el Fondo Especial de Transporte?

El Fondo Especial de Transporte, que se prevé que gaste 2,300 millones de dólares este año fiscal, representa casi el 9% del presupuesto estatal de 26,000 millones de dólares.

Los legisladores lo crearon en 1983 tras el derrumbe parcial del puente del río Mianus en la I-95 en Greenwich a principios de ese año, en el que murieron tres personas. El fondo fue diseñado para intensificar el enfoque del Estado en la reparación de la infraestructura de transporte envejecida.

¿De dónde proviene el dinero del Fondo Especial de Transporte?

Históricamente, el STF obtenía la mayor parte de sus fondos de dos impuestos sobre el combustible.

Los automovilistas están familiarizados con el impuesto a la gasolina minorista de 25 centavos por galón, que no ha cambiado desde mediados de la década del 2000.

Menos conocido es el Impuesto a los Ingresos Brutos de Productos Petrolíferos, que cobra un 8,1% sobre las transacciones mayoristas que involucran gasolina y otros combustibles. Otro recargo eleva efectivamente ese impuesto al 8,81%. Pero los propietarios de estaciones de servicio han admitido durante mucho tiempo que incorporan este gasto al precio minorista, lo que significa que los consumidores también lo pagan.

Este año fiscal, se proyecta que los ingresos de esos impuestos representen casi $864 millones, o casi el 37% de los recursos del STF.

Pero en 2015, la legislatura aprobó una ley que requiere que una parte de todos los ingresos del impuesto a las ventas se destinen al STF. Esos ingresos han aumentado en los últimos años, particularmente en 2022, cuando la tasa de inflación nacional alcanzó un máximo en 40 años. Se proyecta que el impuesto a las ventas proporcione el 42% de los ingresos para el fondo de transporte este año fiscal.

El resto de los ingresos del STF proviene de un impuesto al kilometraje en las carreteras sobre la mayoría de los camiones comerciales, una licencia del DMV y otras tarifas, y otras fuentes diversas.

¿Para qué se utiliza el dinero del Fondo Especial de Transporte?

Inicialmente, el fondo se utilizó para pagar el servicio de la deuda (capital e intereses) de los bonos que Connecticut vende en Wall Street para financiar reparaciones, mejoras y actualizaciones de carreteras, puentes y líneas ferroviarias.

Actualmente, casi mil millones de dólares (más del 40%) del STF se utilizan para ese fin.

El fondo se utiliza ahora también para financiar las operaciones del Departamento de Transporte y el Departamento de Vehículos Motorizados de Connecticut.

Casi 965 millones de dólares cubren las operaciones diarias del DOT, incluidos los salarios de los empleados y los programas de transporte público que involucran servicios de autobús y líneas ferroviarias. Otros casi 77,4 millones de dólares cubren las operaciones del DMV, y 263 millones de dólares pagan las pensiones y otros beneficios de los empleados del DOT y el DMV.

¿Cuánto superávit tiene actualmente el Fondo Especial de Transporte?

A pesar de las muchas iniciativas que lo financia, el Fondo Especial de Transporte ha generado grandes superávits en los últimos años. El fondo terminó el año fiscal 2021-22 con un superávit de 157 millones de dólares o del 9%, según informes de la oficina del Contralor. Eso a pesar de una exención del impuesto a la gasolina que puso cientos de millones de dólares en los bolsillos de los automovilistas.

En 2022-23, el fondo acumuló un superávit de 284 millones de dólares, equivalente al 15,5% del fondo de transporte. Y la administración de Lamont estima que el fondo cerró el último año fiscal el 30 de junio con un aumento de 277 millones de dólares o el 13%.

Las cifras finales para el año fiscal 2023-24 no estarán disponibles hasta que la oficina del Contralor complete su auditoría en septiembre.

¿Qué está generando esos superávits?

La respuesta, al menos en parte, está en el programa de construcción.

Durante años, el DOT ha previsto pedir prestado más fondos para reparar carreteras, puentes y líneas ferroviarias de lo que está dispuesto a gastar.

Cuando el Estado pide prestado menos para la construcción, no tiene tanto que devolver del Fondo Especial de Transporte.

Los legisladores han estado siguiendo este tema durante más de una década.

Un estudio no partidista entregado a los legisladores en 2010 concluyó que el Departamento, que enfrenta limitaciones de personal, estaba teniendo dificultades para terminar los proyectos a tiempo y por debajo del presupuesto.

Y según los registros de la oficina del tesorero estatal, los más de $6.1 mil millones en financiamiento para el transporte aprobados por la legislatura y por la Comisión de Bonos del Estado aún no se han tomado prestados, presumiblemente porque el Estado aún no está listo para gastar el dinero.

Ese atraso es siete veces la cantidad total de bonos para el transporte que el Estado emitió el año fiscal pasado.

Y es más de dos veces y medio el atraso de bonos para el transporte de $2.25 mil millones informado en el otoño de 2010, cuando la Asamblea General comenzó a seguir este tema.

Los críticos temen que los superávits del STF sigan creciendo y han renovado su pedido de recortes de impuestos a la gasolina y otros impuestos. Pero la administración de Lamont insiste en que los grandes recursos no utilizados no volverán a ser un problema porque el esperado aumento en la reconstrucción de la envejecida infraestructura de Connecticut despegará este año fiscal.

As manager of audience engagement, Gabby is responsible for CT Mirror’s digital growth. She manages our website, newsletters, search engine optimization, CT Mirror Explains product, on-site marketing, social media channels and internal data analysis. Gabby previously worked as a reporter on Patch.com’s Connecticut team and as an associate editor at The Woonsocket Call in Rhode Island. She is a Connecticut native who holds a bachelor’s degree in journalism from UConn and is pursuing a master’s degree in integrated marketing communications from Northwestern University’s Medill School of Journalism.

Keith has spent most of his four decades as a reporter specializing in state government finances, analyzing such topics as income tax equity, waste in government and the complex funding systems behind Connecticut’s transportation and social services networks. He has been the state finances reporter at CT Mirror since it launched in 2010. Prior to joining CT Mirror Keith was State Capitol bureau chief for The Journal Inquirer of Manchester, a reporter for the Day of New London, and a former contributing writer to The New York Times. Keith is a graduate of and a former journalism instructor at the University of Connecticut.